Hoy en mi mesedora pensé por todo lo que he pasado.
Lágrimas caían pues al paso de los años casi todo he olvidado.
Ahora soy un vejestorio, cansado y arrugado.
Muchas veces me pregunto si mi vida he disfrutado, aunque lo dudo mucho, pocas cosas he logrado.
Muy pocos hay a mi alrededor, no muchos han aguantado.
Mi padre, mi madre, ni mis hijos han continuado.
Sólo quedo yo y esta mesedora, observando este paisaje que tanto me enamora.
Mi madre, una inigualable mujer, murió en los brazos de una camilla, aguantando el dolor de un pecho apretado y rezándole a Dios que su corazón no fuese parado.
Mi padre fue quien siguió, pero su avanzada edad lo mantuvo muy postrado, hasta que una noche lo vi dormido y congelado.
Mi esposa murió en el parto, y mis hijos ahorcados, el suicidio es algo por lo que siempre he llorado.
Así que quedo yo, sólo y más que abandonado, viendo el marrón de mi café y sintiendo su sabor frío y amargo.
Con la mirada perdida y un corazón destrozadp, sigo pensando en la vida, sigo lamentando el pasado.

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